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Riego en frutales: el factor que puede potenciar o limitar cualquier programa nutricional

Por qué la cantidad de agua no basta: distribución, oportunidad, suelo y raíces condicionan el aprovechamiento de los nutrientes

Max Grohnert · Agrónomo, NVA · 26 agosto 2026
Riego por goteo en un huerto de paltos, con emisores humedeciendo el suelo en la zona de raíces

En producción frutícola, cuando la respuesta de un cultivo está por debajo de lo esperado, es natural revisar dosis, fuentes nutricionales, momentos de aplicación o herramientas de bioestimulación. Pero todas ellas funcionan dentro de un mismo sistema: suelo, agua y raíces.

El agua no es solamente un insumo más. Participa en el movimiento de nutrientes hacia la raíz, sostiene la transpiración y la fotosíntesis y determina buena parte del ambiente físico en que funciona el sistema radical. Por eso, un programa de nutrición técnicamente correcto puede expresar solo parte de su potencial si el riego es insuficiente, excesivo, poco uniforme o moja un volumen de suelo que no coincide con la zona de raíces activas.

La pregunta, entonces, no es solo cuánto regamos. También importa dónde queda esa agua, con qué frecuencia se repone y qué ocurre en el perfil entre un riego y el siguiente.

Regar bien es mucho más que reponer litros

Dos huertos pueden recibir el mismo volumen semanal de agua y generar ambientes radicales muy distintos. La textura y estructura del suelo, la profundidad efectiva, la frecuencia de riego, el número y ubicación de los emisores, la disposición de las líneas de riego y el volumen de suelo efectivamente mojado condicionan la forma en que el agua queda disponible para la planta.

Un estudio realizado en dos huertos comerciales de cerezo del Valle Central de Chile mostró precisamente este punto. Los tratamientos recibieron el mismo volumen total de agua, pero variaron en el número de líneas de goteo y, por lo tanto, en el patrón de humectación. En el suelo franco arcilloso el mejor resultado productivo se obtuvo con una línea por hilera, mientras que en el suelo pedregoso y más liviano fue mejor con cuatro líneas. Los autores concluyeron que, además del volumen aplicado, es fundamental humedecer un volumen de suelo suficiente y coherente con la textura y la distribución de raíces [1].

Esto explica por qué copiar tiempos de riego entre cuarteles, o mantener durante toda la temporada una programación que alguna vez funcionó, puede conducir a respuestas muy distintas incluso dentro del mismo predio.

Riego y nutrición están fisiológicamente conectados

Los nutrientes llegan a la superficie radical mediante distintos mecanismos, entre ellos difusión, intercepción y flujo de masa. Este último depende del movimiento de agua hacia la raíz impulsado por la transpiración. La evidencia fisiológica muestra que esos flujos de agua pueden contribuir de manera importante al transporte de nutrientes hacia zonas radicales activas, aunque la magnitud del efecto depende del nutriente y de las propiedades del suelo [2].

Esto no significa que "más agua" equivalga a "más nutrición". Significa que la disponibilidad hídrica, la distribución del agua y la actividad de las raíces condicionan el contexto en que ocurre la absorción. Un suelo demasiado seco reduce el flujo de agua y la actividad de la planta; uno saturado durante demasiado tiempo limita el oxígeno disponible para las raíces.

Por eso, cuando un análisis foliar, el vigor, el crecimiento o la respuesta productiva sugieren que la nutrición no está expresándose como se esperaba, el manejo del agua debe formar parte del diagnóstico.

Déficit hídrico: el efecto puede aparecer antes en la fisiología y el calibre

Ante un déficit hídrico creciente, una de las respuestas habituales de la planta es reducir la conductancia estomática para disminuir la pérdida de agua. Esa estrategia ayuda a conservar el estado hídrico, pero también puede restringir la entrada de CO₂ y reducir la fotosíntesis y el crecimiento.

En un ensayo realizado durante la temporada 2023-2024 en un huerto comercial de cerezo en La Araucanía, el tratamiento deficitario recibió 47% menos agua que el control bien regado. En el momento de mayor déficit se observó aproximadamente 20% menos fotosíntesis y 33% menos conductancia estomática. El rendimiento no fue estadísticamente diferente en esa temporada, pero el peso individual del fruto disminuyó 7% y el calibre 3% [3].

El estudio también mostró una mayor productividad del agua bajo riego deficitario. Es una buena demostración de que no existe una regla universal de "más o menos riego": la intensidad, el momento fenológico, el suelo y el objetivo productivo determinan la respuesta. Pequeñas diferencias fisiológicas o de calibre pueden ser comercialmente relevantes aun cuando el árbol no muestre síntomas evidentes de marchitez.

El exceso de agua también puede limitar a la raíz

Regar de más no corrige un riego mal distribuido. Cuando los poros del suelo permanecen llenos de agua por periodos prolongados, disminuye la disponibilidad de oxígeno en la zona radical. Las raíces necesitan respiración aeróbica para sostener su metabolismo y parte importante de la absorción activa de nutrientes.

En plántulas de cítricos sometidas a anegamiento prolongado se observaron reducciones importantes en la fotosíntesis y en la absorción de nitrógeno. Mediante una técnica de trazado con nitrógeno marcado (¹⁵N), los investigadores confirmaron que el anegamiento disminuyó significativamente la captación de este nutriente por las raíces [4].

La magnitud de un experimento de inundación prolongada no debe extrapolarse directamente a un huerto comercial, pero el mecanismo es relevante: una raíz hipóxica no funciona igual que una raíz bien aireada.

Por eso, problemas de drenaje, capas restrictivas, sectores bajos o riegos excesivamente largos pueden terminar expresándose como bajo vigor o respuestas nutricionales deficientes, aun cuando exista una oferta adecuada de nutrientes.

Una herramienta sencilla y muy útil: la calicata

La calicata no es un análisis químico de suelo. Es una excavación que permite observar directamente el perfil: profundidad efectiva, textura, estructura, distribución de raíces, humedad, drenaje y posibles capas restrictivas o napas. INIA la utiliza como herramienta central para evaluar limitantes físicas en proyectos frutícolas [5].

En un huerto establecido, puede abrirse una calicata idealmente entre 24 y 48 horas después de un riego. Ese intervalo permite observar con mayor claridad hasta dónde llegó el agua, cómo se distribuyó en el perfil y cómo se relaciona el patrón de humectación con la zona de raíces activas.

Preguntas simples pueden ser muy reveladoras: ¿hasta qué profundidad llegó el agua?, ¿el bulbo se expandió lateralmente?, ¿las raíces activas están dentro de esa zona?, ¿hay capas secas entre emisores?, ¿aparecen sectores saturados o una capa que frena el movimiento del agua? La calicata complementa, no reemplaza, los análisis físicos y químicos del suelo ni otros instrumentos de monitoreo.

Uniformidad: el promedio puede esconder el problema

Un sistema puede entregar, en promedio, la cantidad teórica de agua y aun así mantener sectores subregados y otros sobreirrigados. Diferencias de presión, emisores parcialmente obstruidos, pendientes, desgaste o una mantención insuficiente modifican el caudal real.

Cuando existe fertirrigación, la uniformidad adquiere además una dimensión nutricional: la red de riego también distribuye los nutrientes. Por eso conviene verificar periódicamente caudales en distintos puntos, presión de trabajo, filtros, emisores y patrón de humectación. Estas variables forman parte de las buenas prácticas descritas por INIA para sistemas de riego presurizado [6].

El riego debe seguir al suelo y a la planta, no al calendario

La demanda de agua cambia durante la temporada. La temperatura, radiación, viento y humedad relativa influyen directamente en la pérdida de agua por transpiración, mientras que la superficie foliar, la etapa fenológica y la actividad metabólica del cultivo condicionan sus requerimientos hídricos. Al mismo tiempo, el suelo determina cuánto agua puede almacenar y con qué rapidez la redistribuye.

Una programación robusta combina información climática con observación del perfil y, cuando es posible, indicadores de la propia planta. Sensores de humedad, estaciones meteorológicas, potencial hídrico y modelos de evapotranspiración son herramientas valiosas, pero su información gana sentido cuando se interpreta junto con raíces, suelo y respuesta del cultivo.

La tecnología ayuda a medir. El perfil del suelo y la planta ayudan a interpretar.

Antes de atribuir una respuesta deficiente solo al programa nutricional, conviene revisar:

Dónde encajan la nutrición y la bioestimulación

Un buen manejo del riego no reemplaza la nutrición ni la bioestimulación: permite integrarlas con mayor precisión. El objetivo no es elegir entre agua o nutrición, sino generar las condiciones para que cada herramienta trabaje donde puede aportar más.

Las estrategias más consistentes consideran el sistema completo: suelo, agua, raíces, estado fisiológico y objetivo productivo. En ese contexto, fertilizantes, bioestimulantes y herramientas dirigidas a la rizósfera pueden seleccionarse con una lógica agronómica más precisa y evaluarse de manera más justa.

Muchas veces, la diferencia entre un programa que simplemente se aplica y uno que expresa realmente su potencial comienza por algo tan básico —y tan decisivo— como regar bien.

Referencias seleccionadas

  1. Lecaros-Arellano, F., Holzapfel, E., Fereres, E., Rivera, D., Muñoz, N. & Jara, J. (2021). Effects of the number of drip laterals on yield and quality of apples grown in two soil types. Agricultural Water Management, 248, 106781. doi.org/10.1016/j.agwat.2021.106781
  2. Matimati, I., Verboom, G. A. & Cramer, M. D. (2014). Nitrogen regulation of transpiration controls mass-flow acquisition of nutrients. Journal of Experimental Botany, 65(1), 159–168. doi.org/10.1093/jxb/ert367
  3. Huerta-Mendoza, V., Catalán-Paine, R., Romero, I., González-Villagra, J., Tighe-Neira, R., Bota, J. & Jorquera-Fontena, E. (2025). Effect of Late Preharvest Deficit Irrigation on Physiological and Agronomical Responses in 'Regina'/Gisela 6 Sweet Cherry (Prunus avium L.) Cultivar. Plants, 14(4), 517. doi.org/10.3390/plants14040517
  4. Martínez-Alcántara, B., Jover, S., Quiñones, A., Forner-Giner, M. A., Rodríguez-Gamir, J., Legaz, F., Primo-Millo, E. & Iglesias, D. J. (2012). Flooding affects uptake and distribution of carbon and nitrogen in citrus seedlings. Journal of Plant Physiology, 169(12), 1150–1157. doi.org/10.1016/j.jplph.2012.03.016
  5. INIA Carillanca (2026). Evaluar antes de plantar: metodología de INIA y Gobierno Regional fortalece el desarrollo de proyectos frutícolas en La Araucanía. Instituto de Investigaciones Agropecuarias, Chile.
  6. Ferreyra, R., Zschau, B., Gil, P. & Selles, G. (2009). Mantención de sistemas de riego presurizados para frutales menores. Informativo INIA Raihuén N.º 37.
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